Lo más tierno que vi en mi vida.

>> miércoles 11 de noviembre de 2009

Tulsa Zoo's new lion cubs from on Vimeo.

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>> domingo 1 de noviembre de 2009

Hay personas (civiles, vale aclarar) con las cuales todo lo que digas/hagas puede y será usado en tu contra.

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La ilusión.

>> lunes 19 de octubre de 2009

Tanta reflexión, debate, argumento a favor, con todas las convicciones que tenía de tener pruebas fehacientes, abstractas, concretas.
Y resulta que la realidad sola, sin esfuerzos de escépticos, te encuentra desolada y muda.
Esa realidad, que son hechos sin interpretación reflexiva, demuestra que eventualmente, con la experiencia, podés seguir creyendo en la ilusión pero ya no tenés casos para ejemplificar; tu argumento se hace débil.
O te quedaste sin suerte y sin confianza al mismo tiempo.

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La carta.

>> viernes 16 de octubre de 2009

La carta está escrita. El papel doblado en tres, dentro de un sobre abierto. Está hasta la firma y el nombre del destinatario en el frente del sobre. Están las ideas, las ganas, hasta estaba el tiempo que debía reposar antes de salir.
Pero la carta sigue acá. Básicamente por una convicción realista de que nada significante va a pasar luego de que esa carta sea leída. La circunstancia que se busca cambiar casi sin esperanzas, seguirá siendo.
Y para qué, se pregunta uno.
Y porque sí, dice el optimismo, porque aunque no cambie lo que quisiéramos que cambie, algo cambia. Para que uno al menos se quede con la conciencia tranquila al saber que hizo lo que pudo, que dijo lo que debió.
Y tal vez, sólo en un mil de tal veces, cambie.
Es dejar la puerta abierta con un cartel invitando a pasar.

Y vivir.

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>> martes 13 de octubre de 2009

¿Es la estupidez la fuerza astronómica que lleva a una cantidad considerable de individuos de diferentes ámbitos cybernéticos a dejar comentarios inútiles, molestos y vacíos de contenido apelando a la infantilidad de aclamar que han llegado primeros a ese lugar, como si se ganara un premio, o se estuviera diciendo algo significante, o los posicionara en alguna circunstancia favorable la sola aclamación?

Yo me inclino a pensar que sí, y a pesar de tener siempre en el recuerdo aquella famosa cita de Einstein sobre la infinitud de la estupidez humana me sigo sorprendiendo.

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x5

>> sábado 10 de octubre de 2009

Te achino el ojo. Me sacás la lengua. Miramos para lados diferentes. Te ponés cascarrabias y me río de vos. Nos reímos.




Qué lindo es Uruguay.

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es éste

>> domingo 27 de septiembre de 2009

«El otro cielo, brillante, luminoso, el de las ansias de vivir y las películas en tecnicolor, es una falsa alarma. Mi cielo es éste y debo aprovecharlo.»

Mario Benedetti, Quién de nosotros (1953).

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Lo fascinante del idioma

>> sábado 26 de septiembre de 2009

zurcir

1. tr. Coser la rotura de una tela, juntando los pedazos con puntadas o pasos ordenados, de modo que la unión resulte disimulada.
2. tr. Suplir con puntadas muy juntas y entrecruzadas los hilos que faltan en el agujero de un tejido.
3. tr. Unir y juntar sutilmente una cosa con otra.
4. tr. coloq. Combinar varias mentiras para dar apariencia de verdad a lo que se relata.

que me, te, le, etc., zurzan.
1. locs. verbs. coloqs. que me, te, le, etc., den morcilla.


morcilla.

1. f. Trozo de tripa de cerdo, carnero o vaca, o materia análoga, rellena de sangre cocida, que se condimenta con especias y, frecuentemente, cebolla, y a la que suelen añadírsele otros ingredientes como arroz, piñones, miga de pan, etc.
2. f. Tripa envenenada que se usaba para matar los perros callejeros.
3. f. coloq. Añadidura abusiva de palabras o cláusulas de su invención, que hacen los comediantes.

dar ~.
1. loc. verb. Matar con morcilla envenenada.

que me, te, le, etc., den ~.
1. exprs. coloqs. Indican desprecio, mala voluntad, desinterés, etc., hacia alguien.

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Derechización inminente

>> martes 15 de septiembre de 2009

De 7:27 a 7:40 De Narváez dice:
"Y este proyecto de ley de Radiodifusión que están paseando por el país en una especie de discusión pública, REALMENTE me parece que es un atentado a la libre expresión..."

Claro, hacer discusiones públicas por todo el país es atentar contra la libre expresión, todos sabemos que la libertad de expresión y la libertad de prensa debe estar concentrada en la Ciudad de Buenos Aires y en los sectores monopólicos privados de los magnates medios de comunicación.


Por otro lado, siguiendo links de un lado para otro también me encontré con una presunta situación de censura en AméricaTV -De Narváez Company- que a mí particularmente me parece alevoso.

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>> sábado 12 de septiembre de 2009

Uno. Ésta no es tu casa para que puedas hacer lo que quieras y andar husmeando y llevándote cosas sin preguntar.
Dos. Como no es tu casa, lo mínimo que podrías hacer antes de darle un golpe de palma al picaporte y entrar a mi pieza es tocar la puerta, o DE ÚLTIMA, entrar y preguntar si podés interrumpirme con lo que sea que tengas que decirme.
Tres. Si te contesto de manera cortante, sin ánimos y tipeando mientras miro la pantalla deberías tardar menos de 2 minutos en darte cuenta que no tengo el más mínimo interés en que estés ahí, y que probablemente es por uno y dos que hay tres.

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Gente que viaja por ahí (III)

>> jueves 20 de agosto de 2009

Controla con movimientos de cabeza el flequillo lateral que le cae sobre el lado izquierdo de la frente; busca con dificultad dentro de una cartera sin bolsillos internos que lleva colgada y llena de pequeños ítems

los auriculares redondos que le cubren las orejas y se sostienen tras ellas como anteojos. Tiene una lapicera en la mano derecha y la mueve sobre una hoja que tiembla por los remaches del asfalto. No es paisaje común, piensa. No puede ignorar el bullicio del fondo pero la música. Después sabe que no hace más que describir, casi como sacar una foto con ruido y movimiento y olor a nafta y a brisa de verano en invierno; había algo mágico en la noche. Se ríe y se deprime por un instante.
Deja sobre la hoja unas cosas que dicen De vez en cuando necesitarías ojos ajenos, una esquizofrenia controlada para ver tu trabajo desde donde estás y no en contrapicado. No sé por qué hay tantos que leen en los viajes y tan pocos que escriben, ¿no son actividades complementarias? ¿Qué hace el común de la gente con lo que lee? Controla con movimientos de cabeza el flequillo lateral que le cae sobre el lado izquierdo de la frente; busca con dificultad dentro de una cartera sin bolsillos internos que lleva colgada y llena de pequeños ítems una lapicera azul, un cuaderno de hojas rayadas.

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¿Qué tendrá el petiso rapidshare?

>> miércoles 19 de agosto de 2009

Sería de esperar que un usuario inexperimentado (y poco inteligente o desinteresado por la eficiencia) de internet utilice el más popular servidor de webmail -que, por supuesto, es también el peor-, hotmail. Uno puede entender a los jóvenes poco cybernéticos o padres anticuados cuando usan el Ares para bajar archivos de música o de video. Incluso se entiende que el usuario promedio ni se moleste en probar otra navegador más que el predeterminado Internet Explorer.

Pero el fenómeno que me perturba hoy es generado, básicamente, por los -mal o bien- llamados "usuarios inteligentes" de internet; esos que usan Gmail, Firefox, saben cómo configurar los puertos para bajar rápidamente torrents y elinks, y tienen todos los trucos para usar proxys o softwares especializados para esquivar las limitaciones en la bajada en sitios de descarga directa.

La cuestión es que casi todo el mundo de las DD en Argentina está explotando el famoso rapidshare. Megaupload le debe seguir en la lista, y hay algunos otros que suelen aparecer con frecuencia, también, como opciones de hostings gratuitos para alojar y compartir archivos no demasiado pequeños.

La gran mayoría de estos sitios funcionan de la misma manera: uno tiene que elegir la opción de bajada gratuita, esperar una cierta cantidad de tiempo (entre 45 y 80-90 segundos) para luego poder bajar el archivo. En muchos de estos, también, hay que esperar una cantidad considerable de tiempo luego de haber bajado ese archivo para poder bajar otro del mismo sitio (no se puede bajar más de un archivo al mismo tiempo). Para alguien que se quiere bajar una película, por ejemplo, que suele venir repartida en 7 u 8 partes de 100mb cada una puede ser insufrible tener que esperar 2 o 3 horas cada vez que termina de bajar uno de los archivos.

Claro, existen los downloaders automáticos y trucos con proxy para algunos sitios, o para los que no tienen ip fija desconectar el modem, pero todas estas artimañas y artilugios no son necesarias con uno de los sitios que ofrecen hosting gratuito. No hay tiempo de espera al principio, ni entre dos archivos de descargas. Se puede bajar uno y otro y otro sin parar, incluso permite descargar más de un archivo en el mismo momento. Como si fuera poco, -que yo sepa- tampoco borra archivos que con el paso del tiempo no son bajados.

¿Cómo es posible, entonces, que no se use tanto Mediafire? ¿Por qué no ha alcanzado la popularidad que ganó rapidshare? Para mí es un irritante misterio, exijo una explicación.

(Lo único que se me ocurre es que con rapidshare se suban más fácilmente y/o más rápido los archivos, o que tenga mejor velocidad de bajada. Beto.)

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De la psicosis de monedas, las relaciones comerciales y las mentiras obligadas

>> viernes 1 de mayo de 2009

Situación 1.
Hace algunos sábados salí con tres amigas con la misión de ir a conocer un boliche para tener referencias para la celebración del próximo cumpleaños de una de ellas.
Yo, por cuestiones de comodidad, decidí llevar sólo lo necesario y sin bolso alguno: todo en los bolsillos del jean y del tapado. Plata, cédula, llave sin llavero y sin otras llaves, celular y pañuelos descartables. Bárbaro, ¿qué más se puede necesitar? No, la manteca de cacao la dejo y me la aguanto, el espejito y la guía T pueden esperarme en la mesita de luz a que vuelva.

Como "la previa" se extendió ligeramente se nos hizo tarde para llegar antes del horario en que supuestamente comenzaban a cobrar a las mujeres por ingresar al lugar. Así que taxi.

El señor taxista, al momento de cobrar, pide monedas de una manera no demasiado amable. Igual no, señor. No se lo digo porque no tengo por qué darle explicaciones, pero honestamente soy tan pelotuda que salí de mi casa sin monedas a pesar de que mi intención era viajar en colectivo. Mis amigas también niegan.

El desubicado en cuestión entonces dice: "Qué mentirosas que son, eh... Les va a crecer la nariz."

Pf.


Situación 2:
Entro a un kiosko al que suelo evitar ir en ciertos horarios (hay dos personas que atienden, una de ellas es un joven bastante amable, el otro es un tipo de unos 40tipico de años que está recibido en la Facultad de Infelices y su tesis de doctorado fue sobre Prácticas maleducadas de la sociedad contemporánea basado en su autobiografía).
El señor de 40tipico estaba terminando de atender a una señora; escucho: "¿Te puedo dar algo por 50 centavos? No tengo monedas". La señora acepta, y el señor le da un flynpaff o algo así y se quedan diciendo algunas palabras más del clima o algo por el estilo.
Yo, mientras, agarro lo que voy a comprar y me aproximo hacia el empleado. "$3,50". Bien, le pago con $4 y él, sin hacer algún comentario hacia mí, me devuelve $0,50 en la cara (literalmente en su cara) de la señora que seguía ahí.


Bue.

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¡Qué grande el Bora!

>> jueves 30 de abril de 2009

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Señoras y señores, su atención por favor

>> miércoles 29 de abril de 2009

Una de las cosas que más, y de una manera terriblemente iracunda, me rompe las pelotas en la convivencia es que me hablen en la cara cuando estoy con el tubo del teléfono en la oreja.

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De deícticos y personalidades

>> jueves 16 de abril de 2009

-vendría a ser como uno de los "(incompletos)".


El otro día pensaba en cómo los nombres son deícticos. No significan lo mismo en diferentes contextos, y no me refiero únicamente a esos nombres que ya son personajes, sino a, propiamente, los nombres. Un Juan, un Manuel, un Roberto. Me di cuenta pensando en los Federico.

Y son fáciles de resignificar, mayormente, porque las personalidades suelen ser más fuertes que las palabras que las designan. Si yo decía "Federico" entre los 5 y los 13, entre mi familia, no había duda de que me refería al mejor amigo de mi hermano. Si yo decía "Federico", o "Fede", en mi ámbito escolar secundario, o fuera de él pero en ese período de mi vida, no había duda de que me refería a aquel que fue mi compañero de banco de todo 3º año (y no porque fuéramos tan amigos ni por haber tenido la desgracia de ser ubicados de esa manera por el preceptor de turno, sino porque las autoridades impusieron la ridícula e inefectiva ley por la cual debía haber dos personas de sexo opuesto en cada banco doble; pero particularmente fue porque él era interesado -y porque yo no quería demasiado a ningún otro individuo masculino de ese aula-, ya que todos sabían que yo no sólo era una buena y responsable alumna, sino que además era lo suficientemente boluda como para dejar que mis compañeros, especialmente los que me rodeaban geográfica y sentimentalmente, se aprovecharan de mis aptitudes).
Si yo hoy, y tendrán que mirar la fecha de publicación de este post y considerarla verídica para descifrar ese deíctico, digo Fede, es Fede. Creo que siempre hay un Federico preponderante en mi vida.


Me quedó revoloteando en la cabeza eso de resignificar, y escuchando Dead Reckoning de Clint Mansell me doy cuenta que a pesar de los intentos reiterativos, terriblemente reiterativos -en un contexto totalmente diferente e intenso-, que podrían haber resignificado para mí esa canción, no ha sido resignificada. Sigue remitiéndome a esa brillante escena de Smokin' Aces, que es fantástica por el poder que adquiere con el contraste entre el movimiento de esa frenética música y la quietud de una imagen con un cuerpo inmóvil y resignado. Sigue remitiéndome a quien me sugirió la película, y la escena, también, a aquel con quien la compartí alguna vez. Es que las personalidades son más fuertes que los cortos independientes. Jm.

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>> martes 7 de abril de 2009

En un determinado momento uno de los pececitos saltó hacia afuera y en la pecera sólo quedó nadando uno.
Y en la pecera contigua.
Se acercaron las peceras, el pez de la segunda saltó a la primera. Por un tiempo, un salto.
Del otro lado se acerca otra pecera, y el segundo pececito salta. Mira hacia la pecera del medio, y a través de ésta ve la vacía. Entonces son dos, uno, cero. Uno, cero.

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Bubba gump

La vida es como una lata de atún desmenuzado al natural. Nunca sabes lo que te va a tocar.

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América Latina: exilio y literatura*

>> miércoles 25 de marzo de 2009

(Hace 30 años, la comunicación era manejada por unos pocos. Hoy también.)



En Argentina: Años de alambradas culturales (1984)

(…)
Hay, desde luego, el traumatismo que sigue a todo golpe, a toda herida. Un escritor exiliado es en primer término una mujer o un hombre exiliado, es alguien que se sabe despojado de todo lo suyo, muchas veces de una familia y en el mejor de los casos de una manera y un ritmo de vivir, un perfume de aire y un color del cielo, una costumbre de casas y de calles y de bibliotecas y de perros y de cafés con amigos y de periódicos y de músicas y de caminatas por la ciudad. El exilio es la cesación del contacto de un follaje y de una raigambre con el aire y la tierra connaturales; es como el brusco final de un amor, es como una muerte inconcebiblemente horrible porque es una muerte que se sigue viviendo conscientemente, algo como lo que Edgar Allan Poe describió en ese relato que se llama El entierro prematuro.
Ese traumatismo harto comprensible determinó desde siempre y sigue determinando que un cierto número de escritores exiliados ingresen en algo así como una penumbra intelectual y creadora que limita, empobrece y a veces aniquila totalmente su trabajo. Es tristemente irónico comprobar que este caso es más frecuente en los escritores jóvenes que en los veteranos, y es ahí donde las dictaduras logran mejor su propósito de destruir un pensamiento y una creación libres y combativos. A lo largo de los años he visto apagarse así muchas jóvenes estrellas en un cielo extranjero. Y hay algo aún peor, y es lo que podríamos llamar el exilio interior, puesto que la opresión, la censura y el miedo en nuestros países han aplastado «in situ» muchos jóvenes talentos cuyas primeras obras tanto prometían. Entre los años 55 y 70 yo recibía cantidad de libros y manuscritos de autores argentinos noveles, que me llenaban de esperanza; hoy no sé nada de ellos, sobre todo de los que siguen en la Argentina. Y no se trata de un proceso inevitable de selección y decantación generacional, sino de una renuncia total o parcial que abarca un número mucho mayor de escritores que el previsible dentro de condiciones normales.
También por eso resulta tristemente irónico verificar que los escritores exiliados en el extranjero, sean jóvenes o veteranos, se muestran en conjunto más fecundos que aquellos a quienes las condiciones internas acorralan y hostigan, muchas veces hasta la desaparición o la muerte, como en los casos de Rodolfo Walsh y de Haroldo Conti en la Argentina. Pero en todas las formas del exilio la escritura se cumple dentro o después de experiencias traumáticas que la producción del escritor reflejará inequívocamente en la mayoría de los casos.
Frente a esa ruptura de las fuentes vitales que neutraliza o desequilibra la capacidad creadora, la reacción del escritor asume aspectos muy diferentes. Entre los exiliados fuera del país, una pequeña minoría cae en el silencio, obligada muchas veces por la necesidad de reajustar su vida a condiciones y a actividades que la alejan forzosamente de la literatura como tarea esencial. Pero casi todos los otros exiliados siguen escribiendo, y sus reacciones son perceptibles a través de su trabajo. Están los que casi proustianamente parten desde el exilio a una nostálgica búsqueda de la patria perdida; están los que dedican su obra a reconquistar esa patria, integrando el esfuerzo literario en la lucha política. En los dos casos, a pesar de su diferencia radical, suele advertirse una semejanza: la de ver en el exilio un disvalor, una derogación, una mutilación contra la cual se reacciona en una u otra forma. Hasta hoy no me ha sido dado leer muchos poemas, cuentos o novelas de exiliados latinoamericanos en los que la condición que los determina, esa condición específica que es el exilio, sea objeto de una crítica interna que la anule como disvalor y la proyecte a un campo positivo. Se parte casi siempre de lo negativo (desde la deploración hasta el grito de rebeldía que puede surgir de ella) y apoyándose en ese mal trampolín que es un disvalor se intenta el salto hacia adelante, la recuperación de lo perdido, la derrota del enemigo y el retorno a una patria libre de déspotas y de verdugos.
Personalmente, y sabiendo que estoy en el peligroso filo de una paradoja, no creo que esta actitud con respecto al exilio dé los resultados que podría alcanzar desde otra óptica, en apariencia irracional pero que responde, si se la mira de cerca, a una toma de realidad perfectamente válida. Quienes exilian a los intelectuales consideran que su acto es positivo, puesto que tiene por objeto eliminar al adversario. ¿Y si los exiliados optaran también por considerar como positivo ese exilio? No estoy haciendo una broma de mal gusto, porque sé que me muevo en un territorio de heridas abiertas y de irrestañables llantos. Pero sí apelo a una distanciación expresa, apoyada en esas fuerzas interiores que tantas veces han salvado al hombre del aniquilamiento total, y que se manifiestan entre otras formas a través del sentido del humor, ese humor que a lo largo de la historia de la humanidad ha servido para vehicular ideas y praxis que sin él parecerían locura o delirio. Creo que más que nunca es necesario convertir la negatividad del exilio -que confirma así el triunfo del enemigo- en una nueva toma de realidad, una realidad basada en valores y no en disvalores, una realidad que el trabajo específico del escritor puede volver positiva y eficaz, invirtiendo por completo el programa del adversario y saliéndole al frente de una manera que éste no podía imaginar.

Me referiré otra vez a mi experiencia personal: si mi exilio físico no es de ninguna manera comparable al de los escritores expulsados de sus países en los últimos años, puesto que yo me marché por decisión propia y ajusté mi vida a nuevos parámetros a lo largo de más de dos décadas, en cambio mi reciente exilio cultural, que corta de un tajo el puente que me unía a mis compatriotas en cuanto lectores y críticos de mis libros, ese exilio insoportablemente amargo para alguien que siempre escribió como argentino y amó lo argentino, no fue para mí un traumatismo negativo. Salí del golpe con el sentimiento de que ahora sí, ahora la suerte estaba verdaderamente echada, ahora tenía que ser la batalla hasta el fin. El sólo pensar en todo lo que ese exilio cultural tiene de alienante y de pauperizante para miles y miles de lectores que son mis compatriotas como lo son de tantos otros escritores cuyas obras están prohibidas en el país, me bastó para reaccionar positivamente, para volver a mi máquina de escribir y seguir adelante mi trabajo, apoyando todas las formas inteligentes de combate. Y si quienes me cerraron el acceso cultural a mi país piensan que han completado así mi exilio, se equivocan de medio a medio. En realidad me han dado una beca full-time, una beca para que me consagre más que nunca a mi trabajo, puesto que mi respuesta a ese facismo cultural es y será multiplicar mi esfuerzo junto a todos los que luchan por la liberación de mi país. Desde luego no voy a dar las gracias por una beca de esa naturaleza, pero la aprovecharé a fondo, haré del disvalor del exilio un valor de combate.

Inútil decir que no pretendo extrapolar mi reacción personal y pretender que todo escritor exiliado la comparta. Simplemente creo factible invertir los polos de la noción estereotipada del exilio, que guarda aún connotaciones románticas de las que deberíamos librarnos. El hecho está ahí: nos han expulsado de nuestras patrias. ¿Por qué colocarnos en su tesitura y considerar esa expulsión como una desgracia que sólo negativamente puede determinar nuestras reacciones? ¿Por qué insistir cotidianamente en artículos y en tribunas sobre nuestra condición de exiliados, subrayándola casi siempre en lo que tiene de más penoso, que es precisamente lo que buscan aquellos que nos cierran las puertas del país? Exiliados, sí. Punto. Ahora hay otras cosas que escribir y que hacer; como escritores exiliados, desde luego, pero con el acento en escritores. Porque nuestra verdadera eficacia está en sacar el máximo partido del exilio, aprovechar a fondo esas siniestras becas, abrir y enriquecer el horizonte mental para que cuando converja otra vez sobre lo nuestro lo haga con mayor lucidez y mayor alcance. El exilio y la tristeza van siempre de la mano, pero con la otra mano busquemos el humor: él nos ayudará a neutralizar la nostalgia y la desesperación. Las dictaduras latinoamericanas no tienen escritores sino escribas: no nos convirtamos nosotros en escribas de la amargura, del resentimiento o de la melancolía. Seamos realmente libres, y para empezar librémonos del rótulo conmiserativo y lacrimógeno que tiende a mostrarse con demasiada frecuencia. Contra la autocompasión es preferible sostener, por demencial que parezca, que los verdaderos exiliados son los regímenes fascistas de nuestro continente, exiliados de la auténtica realidad social, exiliados de la justicia social, exiliados de la alegría, exiliados de la paz. Nosotros somos más libres y estamos más en nuestra tierra que ellos. He hablado de demencia; también ella, como el humor, es una manera de romper los moldes y abrir un camino positivo que no encontraremos jamás si seguimos plegándonos a las frías y sensatas reglas del juego del enemigo. Polonio dice de Hamlet: «Hay un método en su locura». Tiene razón, porque aplicando su método demencial Hamlet triunfa al fin; triunfa como un loco, pero jamás un cuerdo hubiera echado abajo el sistema despótico que ahoga a Dinamarca. La vida de Ofelia, de Alertes y la suya son el terrible precio de esta locura, pero Hamlet acaba con los asesinos de su padre, con el poder basado en el terror y la mentira, con la junta de su tiempo. En esa locura hay un método, y para nosotros un ejemplo. Inventemos en vez de aceptar los rótulos que nos pegan. Definámonos contra lo previsible, contra lo que se espera convencionalmente de nosotros.
(...)

Julio Cortázar.

Ponencia leída en el coloquio sobre “Literatura Latinoamericana de hoy” que tuvo lugar en el Centro Internacional de Cerisy-la-Salle, en 1978.
*es posible que el título no haya sido elegido por Cortázar sino por quien publica el libro (póstumo), Saúl Yurkievich. “Julio nos lo dejó casi listo”, confiesa en el post scriptum.

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>> martes 24 de marzo de 2009

Me deprime la atardecerización temprana.

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